Aquel día llovía mucho. Mucho.
Pero aunque el viento golpeara mi cuerpo con fuerza, el viento alborotara mi pelo y la lluvia mezclada con mis lágrimas recorría mi rostro no podía parar de correr por las calles desiertas.
Corría por ella. Por ella.
Puede que fuese demasiado tarde, pero no podía dejar las cosas así, viendo como el tiempo pasaba sin que yo le hubiera dicho la verdad.
La busqué desesperadamente por todos sus rincones favoritos de la ciudad. La busqué en las plazas donde le gustaba dar de comer a las palomas, en la vieja biblioteca donde le gustaba perderse horas en las páginas de los libros, en los parques donde le gustaba sentarse bajo los árboles a contemplar las nubes, la busqué en los bares donde sonaba la música más estridente, esperando encontrarla de nuevo sonriendo, contagiando sus ansias de vivir.
Entonces me sentí inspirado y corrí hacía la colina, donde a ella le gustaba ver el atardecer mientras hablaba de cosas sin sentido consigo misma. Nunca habíamos visto juntos un atardecer. Nunca.
Llegué a la colina, empapado de sudor, lágrimas y lluvia. Pero a pesar de mis esperanzas allí no había nadie.
¿Por qué? Me di cuenta de que la respuesta para aquella pregunta era muy sencilla... porque no habíamos visto juntos ningún atardecer. Ninguno.
La angustia se apoderó de mí. Seguía lloviendo, con más fuerza que nunca, se oía un trueno en la lejanía.
Sé que lo había hecho todo mal. La había tenido siempre cerca y ahora que no estaba junto a mi me daba cuenta de la verdad, una dolorosa verdad... Siempre la había querido, siempre la había admirado, siempre la había necesitado...
Pero ahora era demasiado tarde.
martes, 20 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
Por ellos... :)
Están entre nosotros, siempre con una sonrisa en los labios, con una palabra amable y con ganas de hacernos reir.
Estas personas parecen tener un talento especial para adaptarse a la situación, pueden moldearse en un momento de alegría aportando ese chiste, esa tontería de la que nos reíremos dos horas, también pueden tomarse las cosas en serio y defenderte hasta la muerte llegando incluso a anteponerse, pero también saben ser ese hombro sobre el que llorar, ese oido que escuchará todos tus problemas e intentará aconsejarte lo mejor posible para luego intentar animarte por todos los medios.
Lo más cómico de esta situación es que siempre consiguen sacarte una sonrisa, esa sonrisa que tanto necesitas. Te dicen esas palabras que tanto deseas oir y te hacen sentirte importante. Ellos presienten cuando las cosas van mal, te dan ese empujón, te ayudan a dar ese paso que tienes que dar.
Personas que no esperan nada a cambio, cuya recompensa es simplemente tu felicidad, tu bienestar. Personas que te apoyan, te entienden, te ayudan... Personas ajenas al mundo real.
Y si te das cuenta esas personas son importantes, muy importantes. Llega un momento en el que te pones a pensar y te das cuenta de que sin ellos las cosas no serían iguales, no habría sonrisas gratuitas, no habría abrazos desinteresados, no habría esa mano que nunca te dejará caer.
Por eso, en esta entrada quiero homanjear a esa gente, porque se lo merecen, porque sin ellos te guste o no, no serías quien eres.
Estas personas parecen tener un talento especial para adaptarse a la situación, pueden moldearse en un momento de alegría aportando ese chiste, esa tontería de la que nos reíremos dos horas, también pueden tomarse las cosas en serio y defenderte hasta la muerte llegando incluso a anteponerse, pero también saben ser ese hombro sobre el que llorar, ese oido que escuchará todos tus problemas e intentará aconsejarte lo mejor posible para luego intentar animarte por todos los medios.
Lo más cómico de esta situación es que siempre consiguen sacarte una sonrisa, esa sonrisa que tanto necesitas. Te dicen esas palabras que tanto deseas oir y te hacen sentirte importante. Ellos presienten cuando las cosas van mal, te dan ese empujón, te ayudan a dar ese paso que tienes que dar.
Personas que no esperan nada a cambio, cuya recompensa es simplemente tu felicidad, tu bienestar. Personas que te apoyan, te entienden, te ayudan... Personas ajenas al mundo real.
Y si te das cuenta esas personas son importantes, muy importantes. Llega un momento en el que te pones a pensar y te das cuenta de que sin ellos las cosas no serían iguales, no habría sonrisas gratuitas, no habría abrazos desinteresados, no habría esa mano que nunca te dejará caer.
Por eso, en esta entrada quiero homanjear a esa gente, porque se lo merecen, porque sin ellos te guste o no, no serías quien eres.
Una guerra sin sentido.
Ya no recuerdo como empezó esto.
Antes, al principio, mi mundo se dividía en dos partes bien diferenciadas entre sí, y esa línea que los dividia parecía imposible de atravesarse.
Sin embargo el día menos pensado esa línea se hizo más fina, o mejor dicho, desapareció... y la pesadilla comenzó.
La inocencia murió y la amistad se convirtió en un juego malicioso. Todo se transformó. Se declaró la guerra en secreto, con mentiras, traiciones y engaños. Había alianzas y pactos que al cabo de segundos desaparecían.
El odio llegó y fue imposible mantener aquella en secreto, y como si de un cañon se tratase estalló, ya no había escapatoria.
En aquella guerra, como en todas, había bandos, cualquier decisión era importante y cualquier palabra era cuestionada. El arma más poderosa era la imaginación, la capacidad de saber manejar aquella guerra sin sentido.
Mientras unos intentaban mantenerse al margen, otros corrían alejandóse de los promotores del infierno, los que atacaban con falsas calumnias, destrozando ilusiones y sembrando rencor.
Yo, hace tiempo que deje de pelear, me rendí. Sin embargo todavía me veo arrastrada a ese oscuro mar de odio del que por más que lo intento no puedo escapar.
Ahora somo me queda preguntarme...
¿Acabará esto algún día?
¿Podré volver a casa?
¿Estaré con los míos, segura, como en los viejos tiempos?
Antes, al principio, mi mundo se dividía en dos partes bien diferenciadas entre sí, y esa línea que los dividia parecía imposible de atravesarse.
Sin embargo el día menos pensado esa línea se hizo más fina, o mejor dicho, desapareció... y la pesadilla comenzó.
La inocencia murió y la amistad se convirtió en un juego malicioso. Todo se transformó. Se declaró la guerra en secreto, con mentiras, traiciones y engaños. Había alianzas y pactos que al cabo de segundos desaparecían.
El odio llegó y fue imposible mantener aquella en secreto, y como si de un cañon se tratase estalló, ya no había escapatoria.
En aquella guerra, como en todas, había bandos, cualquier decisión era importante y cualquier palabra era cuestionada. El arma más poderosa era la imaginación, la capacidad de saber manejar aquella guerra sin sentido.
Mientras unos intentaban mantenerse al margen, otros corrían alejandóse de los promotores del infierno, los que atacaban con falsas calumnias, destrozando ilusiones y sembrando rencor.
Yo, hace tiempo que deje de pelear, me rendí. Sin embargo todavía me veo arrastrada a ese oscuro mar de odio del que por más que lo intento no puedo escapar.
Ahora somo me queda preguntarme...
¿Acabará esto algún día?
¿Podré volver a casa?
¿Estaré con los míos, segura, como en los viejos tiempos?
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