jueves, 15 de octubre de 2009

Una guerra sin sentido.

Ya no recuerdo como empezó esto.

Antes, al principio, mi mundo se dividía en dos partes bien diferenciadas entre sí, y esa línea que los dividia parecía imposible de atravesarse.
Sin embargo el día menos pensado esa línea se hizo más fina, o mejor dicho, desapareció... y la pesadilla comenzó.

La inocencia murió y la amistad se convirtió en un juego malicioso. Todo se transformó. Se declaró la guerra en secreto, con mentiras, traiciones y engaños. Había alianzas y pactos que al cabo de segundos desaparecían.

El odio llegó y fue imposible mantener aquella en secreto, y como si de un cañon se tratase estalló, ya no había escapatoria.

En aquella guerra, como en todas, había bandos, cualquier decisión era importante y cualquier palabra era cuestionada. El arma más poderosa era la imaginación, la capacidad de saber manejar aquella guerra sin sentido.

Mientras unos intentaban mantenerse al margen, otros corrían alejandóse de los promotores del infierno, los que atacaban con falsas calumnias, destrozando ilusiones y sembrando rencor.

Yo, hace tiempo que deje de pelear, me rendí. Sin embargo todavía me veo arrastrada a ese oscuro mar de odio del que por más que lo intento no puedo escapar.


Ahora somo me queda preguntarme...
¿Acabará esto algún día?
¿Podré volver a casa?
¿Estaré con los míos, segura, como en los viejos tiempos?

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